Café con cara de sonrisa – Milagro en la Calle Primera
Martha Juarez y Rael Salvador, Regeneración
Epoca 1, Numero 8, September 13th 1995
El pasado agosto se realizó una singular y emotiva celebración en el interior del “Café Café” con motivo del noveno aniversario de Mireya, niña mixteca que se ganó las simpatías de Lorena Muro Orizaga, propietaria de ese establecimiento cultural, quien siendo solidaria con la comunidad infantil mixteca que ejerce el comercio ambulante frente a su negocio, ofrendó, con la amable asistencia de Anel y Memo, una honrosa fiesta de verano para todos los niños mixtecos, compañeritos de oficio de Mireya. REGENERACION sostuvo una charla con la organizadora de dicho festejo, que sobresale por la carga de racismo y desprecio ejercido por una parte del comercio de la zona turística en contra de esos pequeños y sus madres indígenas.
-Lorena, ¿Cómo surge lo del festejo de Mireya?
“El sábado pasado realizamos una fiesta para Mireya, una niña mixteca que aquí vende chicles y triquero y medio. Vende cosas que no son hechas por ella, sino por gente de Guatemala sobre todo. Es una niña que viene aquí y nos conoce, ha habido toda una historia desde que comenzó a llegar y la dificultad que encontramos nosotros para hacer contacto con ella y varios mixtecos de aquí, por la intimidación y la desconfianza que hay hacia los que somos o parecemos diferentes a ello. Siento que esa marginación indígena es bien marcada en ellos y no se quieren mezclar, es que hay muchísimos resentimientos de por medio: miedo a que los vayamos a correr de aquí, hasta diferencias muy intrínsecas de raza y discriminación, sobre todo porque son niños y el que sean bilingües los hace bien diferentes a nosotros. De alguna manera esa niña siempre se defendió muchísimo de nosotros con su otro idioma y, bueno, llegó a acercarse tanto a nosotros que cumplió años y le celebramos, y más que cumpleaños yo siento que fue una celebración de verano para todos los niñitos de por aquí; fue el pretexto, más que nada; se juntaron 30 niños, tuvimos pastel, nieve, comidita, juegos y regalitos infantiles, desde lápices, cuadernos, crayolas y cosas útiles para la escuela. Y bueno, a mí se me hizo muy suave, que finalmente fue como una respuesta de muchos amigos. De aquí del ‘Café Café’ le trajeron regalos, todo mundo sabía quién era Mireya, porque es todo un personaje la niña, incluso un mesero de aquí de ‘Las Brasas’. Por cierto, cuando hicimos las invitaciones y cuando la invite dijo: ‘Bueno, si vamos a invitar gente yo te voy a dar algunos nombres’, entonces hicimos la lista y fue muy curioso porque cuando recién conocimos a Mireya le pregunte ‘cómo te llamas’ y me dijo ‘me llamo Laura’, y de ahí viene toda la desconfianza. ‘Me llamo Laura’, bueno pues qué bien, te llamas Laura, después con el tiempo me dijo que ‘no pues me llamo Mireya, me llamo Mireya, los engañé’, dijimos, bueno, es parte de la desconfianza que nos tiene y con el tiempo nos dimos cuenta al momento de hacer la lista de invitados, de que había gentes que la conocían como Isabel, como su verdadero nombre, pero a mí se me hace increíble, imposible decirle Isabel porque tengo más de un año diciéndole Mireya. Incluso su nombre en mixteco es diferente, que no es ni Isabel, ni Laura, ni Mireya, entonces ella se inventa todas esas personalidades porque son diferentes y yo me imagino su ‘yo’ tan dividido en cuestiones de autenticidad, de su exilio aquí en Ensenada, porque no son de aquí, porque están confusos, no quieren estar aquí porque no se integran aunque están en la escuela…”
-¿Qué significa para ti, es emocionante?
“Para mí es emocionante, más que nada siento la obligación como mujer y como adulto, y más que nada de los niños que andan en la calle, yo siento que han encontrado que aquí en el café tienen apoyo en casos como si alguien los roba, si algún ‘gringo’ los abusa, o si alguna persona mayor les quita su mercancía; vienen llorando, vienen y avisan, yo siento que este contacto es muy importante para ellos, o sea quizás, por ser mujer, mi sentimiento es de protección hacia esos niños que de alguna manera están expuestos a muchas cosas, sobre todo con extranjeros que tienen muy diferentes costumbres a nosotros; yo he visto como los avientan como los abusan y yo no dudo que haya abuso sexual, yo no lo dudo ni tantito, pero yo no tengo pruebas ni he visto a nadie.
Pero esa es mi intención de acercarme, sobre todo en las niñas y brindarles un espacio digno donde puedan venir y se sientan bienvenidas, que no se sientan que están fuera de contexto, que lleguen y me pidan un chocolate y se los dé; que se sienten en una mesa sin necesidad de sentirse que les estoy dando una limosna, pero que se sientan como personas dignas, como personas integradas. Yo no soy mártir ni nada, pero siento que debe haber ese contacto y creo que debería ser mas general; si por ejemplo los comerciantes de la calle Primera nos dedicáramos mas a brindarles protección a estos niños, tendríamos hasta calles más limpias y muchos beneficios.”
- Nos hablabas hace unos días de crear un alberge temporal para ellos.
“Desde que empecé a ver estos niños callejeros, dije: ‘sus madres están por ahí viéndolos’, pero a veces dan las doce, una de la mañana y hay niños caminando, que andan vendiendo sus chicles insistentemente, que son cosas absurdas que venden y surgió la idea de tener un albergue, de día nada mas, no es un albergue donde se van a quedar a vivir o a dormir, un albergue de día donde las madres pueden llegar y amamantar a sus hijos, darles de comer, un lugar donde puedan tomar agua, comer, asearse; en fin, tomar una siesta, mientras están trabajando. Porque es inevitable, todas esas familias se van a quedar aquí; los padres están ausentes, quizás en el otro lado trabajando, quizás en la cárcel, quizás en muchas partes, entonces, ¿Qué nos toca hacer? Protegerlos, hacer algo al respecto, no con el mismo sistema paternalista; vamos a darle algo digno… Podemos
- ¿Esto quiere decir que van a seguir habiendo de este tipo de celebraciones?
“Yo creo que sí y esta celebración es el inicio; ellos vienen, nos sentamos y como son bienvenidos se toman su chocolatito y el que se acerquen para mi es importante, el que dejen de vernos como otra raza.”
- ¿Solicitaras el apoyo de los demás comercios para llegar a un acuerdo para crear el albergue?
“No tengo muchísimo tiempo para hacer eso, pero si escribir una propuesta y llegar a realizarla, tener un poco de infraestructura de este lugar y será una obligación de los comerciantes, apoyados con el gobierno local, e incluso sin ellos, donde saldríamos beneficiados todos. Porque nosotros no permitiríamos que nuestros hijos fueran abusados, ¿Por qué vamos a permitir que otros si lo sean? Yo creo que es el principio básico, son niñitos que tienen que trabajar; ojalá y no tuvieran que trabajar, pero desgraciadamente esa condición no la podemos mejorar; quizás con el tiempo, pero la cosa más inmediata a hacer es eso, lo del albergue y darles servicio médico, incluso una vez por semana que llegara un doctor y los revisara, o una vez al mes, pero que tuvieran algo de atención. Son hasta cierto punto indigentes porque no son de aquí.”
- ¿La sociedad les queda aparte?
“Así es y además los rechaza”.
- ¿Cuál fue la reacción de los niños, cómo se sintieron?
“Al principio fue muy extraño porque pensamos que nadie venia, por fin llegó Mireya cohibidisima, ‘chiveada’. Llegó con un vestido nuevo que Alejandra le compró especialmente para el cumpleaños con su gorrito blanco y su margarita amarilla. Se veía bellísima. Llegó y trajo a dos, tres niñitos con ella y empezaron a llegar más y más; la aceptación de los niños… y de repente se corrió la voz total y cuando menos pensamos ya teníamos a treinta niños. Llegaron los regalos, llegó el mariachi, lo trajo el muchacho de ‘Las Brasas’ y le cantaron tres canciones y todos los niños comenzaron a reírse, y estaban felices con el juego que quien le pone la cola al burro, fue muy bonito ver como se iban integrando porque entre ellos no todos se llevan bien. Todo estuvo ordenado, se les sirvió de comer, nadie tiró nada. Es el primer ‘party’ (fiesta, en español) de niños que organizo, pero todo salió muy bien. Mireya cumplió nueve años, ella es toda una comerciante, una “business woman” (mujer de negocios, en español), testaruda, enojona y va hacer que el turista le dé el precio que ella quiere, porque ella no permite abusos. Yo siento que esa es su historia, ha estado tan entrenada por la calle que ella no se deja, incluso denuncia a quien la quiere abusar. No permite que le quiten su mercancía o que le den menos dinero por lo que ella vende. Le decía a Rael que uno de los intereses del alberque es que en vez de que vendieran chicles y cosas tan absurdas, hicieran su propia artesanía, eso ya seria valorar tantos talentos artesanales que hay en Ensenada, que podrían darles clases de algo. Y, claro está, empezar a hacer cosas más interesantes para todo el mundo. |